viernes, noviembre 20, 2009
Me voy a Rosario dos días para tocar dos canciones en un evento secuencial multi-interdisciplinario. Una de las canciones es una reinterpretación del cuento de David Voloj "La culpa es de los padres". En ella el personaje creció, tiene 30 años, camina solo por una plaza y mete la cabeza en la fuente tratando de olvidar lo que vivió cuando era chico. La voz de aquella mujer le repite, de lejos: "yo soy tu maestra, vos mi yogur".
En fin: vuelvo en breve.
Los dejo con una frase escrita por "AI" en 1989, allá por su época monacal, que siento contemporánea. La frase dice: "Pero no. Pedía sin ganas, como todos los demás. En eso me ponía a la altura de mi generación".
jueves, noviembre 19, 2009
Ok. Ok. Salió la Cosmolit noviembre.
Incluye la columna simpática y siempre bien recibida de lo sexy y lo out, una entrevista a Carlos Godoy que se muestra razonablemente distante hasta que en dos líneas juega al exabruptus y un nuevo personaje (¿quién se esconderá tras ella?): Cindirella, una cronista malondeada con humor y estilo, contradicciones de clase, capacidad descriptiva y desinterés histórico. Además, una entrevista que me hicieron acerca de mi relación con la música y mis Bosques de Groenlandia.
(Posdata: Increíble el parecido de tapa entre Laura Pratto y Tinelli. Pendiente: un homenaje a la piedra en el zapato y al vaso ruso).
miércoles, noviembre 18, 2009
Ese es mi pie izquierdo, una de las fotos que, en el cumpleaños de mi hermana, me saqué a mí mismo (o a una parte de mí mismo, suponiendo que el afuera no es adentro, y que el adentro tiene contornos y se puede capturar). Llevo pantalón marrón setentoso regalo de Saskia y mis zapatillas peronistas marca "Jaguar". Las compré hace año y medio en algún sucucho de calle San Martín. Salieron 33 pesos, un precio temible por donde se lo mire. Buscaba algo barato y simple, pero creo que lo que me compró fue la marca. "Las casi puma", les decía, mientras las llevaba en una bolsa de regreso a casa.Hace un año y medio que tengo esas zapatillas (están, puede verse, baqueteadas). Y hace tres o cuatro años que me saco, de vez en cuando, una foto de mis zapatillas. Creo que tiene que ver con una impresión que tengo desde la infancia y que no me puedo sacar de encima (algunos me miran raro cuando lo cuento, otros niegan en silencio): que la distancia entre mis ojos y mis pies es la misma, que cuando miro hacia abajo, a pesar de haber crecido, a pesar del paso de los años, el piso sigue estando a la misma distancia. Voy a escribirle un cuento a mi hermana menor sobre esto. Quizás así pueda explicarlo mejor, o quizás, así, alguien lo entienda.
martes, noviembre 17, 2009

Esta es mi madre. En el cumpleaños de mi hermana menor. Fue hace poco, el 3 de noviembre. Un cumpleaños "sólo para chicas". Les saqué fotos a todas, muchas fotos. Como 300. Me sentía una especie de Lewis Carroll a domicilio. En fin. Esta es mi madre. Como se ve, está sentada en la vereda. En la otra vereda, estoy yo con la cámara de fotos (mientras escribo caen piedras sobre nuestra Córdoba tan seca, genial). En el medio de la calle, niñas jugando al matador. Un juego con jefes, donde se premia la agilidad y el poder de mando y se tiran con la pelota entre ellas. En la foto, no se ven las nenas. Esta es mi madre. ¿Dónde mira? ¿Qué piensa? Fueron unos segundos en que se quedó así. Mientras las nenas jugaban y Lewis Carroll robaba fotos. Creo que mira muy lejos, inclusive veo en la pose algo de estoicismo y resignación. Como en muchas fotos, me capturan los gestos de la mano. Particularmente, de la mano izquierda. ¿Señala para abajo? ¿Es un dedo cansado? ¿Se está por rascar? ¿Qué pasa ahí? Me quedo con ese gesto, con lo que falta en la foto (las niñas jugando), y con los globos, atrás. (Sigue lloviendo. Tengo la radio encendida. Pasan "november rain". Cierra y se abre el sentido de las cosas).
domingo, noviembre 15, 2009
sábado, noviembre 07, 2009
Tres poemas que no me gustaría olvidar
Y también recomiendo que lean, que se topen, con estos tres poemas: "Bajo un sol en punta"; "El bosque de los aciertos", y "Teconología", uno de los pocos poemas de ciencia ficción que conocí (para leerlo tienen que entrar al link y después buscar hasta dar con el 11/09/06).
miércoles, octubre 28, 2009
(Más info acá.Y abajo, las letras de algunas canciones)

- Muñecos de nieve -
Esta es la despedida
de los de Sexto “D”
el curso de los suicidas
se va a Bariloche
Esta es la despedida
de los de Sexto “D”
el curso de los suicidas
se va a Bariloche
No saben nada de Matemática
no saben nada de Matemática
no saben nada de matemática
No saben nada de química
no saben a quién votar
no saben de derecho, de filosofía
no saben nada de nada
(solo simpático)
Esa fue la despedida de los de Sexto “D”
el bondi se hizo pija
se estrelló contra un hotel
Cayeron como muñecos de nieve
cayeron como muñecos de nieve
como muñecos de nieve...
No saben nada de química
no saben a quién votar
no saben de derecho, de filosofía
no saben nada de nada
No saben nada de matemática!
no saben nada de matemática!
no saben nada de matemática!
no saben nada de matemática!
(cierre de violín)
- Miyazaki -
(intro con guitarra: arpegio. Luego guitarra y violín)
Miiiiiyazaki
Miiiiiyazaki
Miiiiiyazaki
Miiiiiyazaki
Recuerdo la bruma
recuerdo la bruma
recuerdo la bruma
recuerdo la bruma
recuerdo la bruma
y el sol
y a...
Miiiiiyazaki
Miiiiiyazaki
- Papá drágon se va de casa -
Cada noche veo que no quiero
lo que pasa en esta cueva
si el agua corriera al revés.
Acurrucada en casa mi mujer espera
tiene mugre en la boca y un árbol
incrustado en los pies.
Voy a salir el sol.
Voy a salir
el sol.
Voy a salir el sol.
Voy a salir
el sol.
Si el viento sopla seré de hielo
y si hace frío seré de hielo
no habrá nada roto.
Subiendo el monte vienen mis hijos
subiendo el monte
si el agua corriera al revés
Voy a salir el sol.
Voy a salir
el sol.
Voy a salir el sol.
Voy a salir.
El sol.
(parte gloriosa del violín)
Cosas que veo: ¡nada!
Cosas que veo: ¡nada!
Cosas que veo: ¡nada!
lunes, octubre 26, 2009
(pispeando, V)
Volviendo al viaje: alguno de los extraterrestres de uno de los talleres de escritura linkeó este página y entré y no pude salir. Se llama "Golosina Caníbal", y parece haber dado un pequeño giro en los últimos tiempos, de la literatura hacia su afuera. Hay recomendaciones de discos de cumbia queer, textos de brujería, animación.
Hay un link a un ensayo sobre He-Man y el macho universal, otro a un ensayo sobre Mario Bros sacado de una de esas páginas que hace tiempo quería conocer, hay una carta de O. Lamborghini a Aira explicándole por qué no escribe o qué le pasa que no escribe, hay un pequeño monstruo de colección de Wilcock, un link a la historieta "Pequeño Nemo en Slumberland" (un nene que siempre sueña que lo llaman de un lugar llamado Slumberland, y va camino hacia allá, y hace lo que le dicen que no haga, entonces se pierde, grita, cae, se despierta, y la madre le dice "!te dije que no comas mondongo de postre!"), un texto que se pregunta sobre los motivos probables del éxito póstumo de Bolaño. Y más!
martes, octubre 20, 2009
Me encontré a las 16:30 con padre. No le dije nunca papá, no lo toqué siquiera. Le dije “la casa donde pasé mi infancia la vendiste, fue como si hubieses matado una parte de mi cuerpo”. “Lo peor fueron los pinos. Yo jugaba ahí”. Le dije “tengo mucha violencia adentro, pero no quiero sacarla. Ya veré cómo hago, es mi problema (...)”.
Septiembre 7
Dos de la tarde. De vuelta en Carlos Paz, voy a comer milanesas a la casa de la abuela. Enfrente, la casa de mi tía. Sin pinos. La casa de mi tía tenía siete pinos, las puntas cuando había viento se movían de manera amenazante, pero nunca pasaba nada. Recuerdo estar ahí. Abajo del techo, separado por una nube de tejas del movimiento de los pinos. Albaricoques. Treparnos al árbol. Ver las cosas desde ahí. Los pinos en las fotos. La historia de los pinos, la historia de esa casa, la historia de buena parte de mi vida: cuando me quebré, cuando salíamos por las rejas, cuando jugábamos a las escondidas adentro de la casa, cuando mis gatas tuvieron todas gatitos y eran 17, cuando la abuela ocupó el lugar de los gatos y de nosotros, los discos de vinilo, descubrir que el reproductor de discos funcionaba, dormirse escuchando a Beethoven y los discos viejos de los Stones de la época en que papá tenía una disquería. La tía loca dando vueltas por la casa, el sauce que crecía, Guille durmiendo ahí. Me olvido cosas. Regreso atrás. Una piedra lanzada al gordo Muniguini, o era otro, no importa, tuve que darle un poster de The Sacados a cambio de que no me golpeé como venganza con una piedra más grande, jugar al fútbol con Demián, usar de arco los rosales sin que nos viera mamá, colgar los gatos de la cuerda de secar la ropa sin que nos vea mamá, jugar al fútbol solo sin importar quién me viera, practicar el tiro con comba poniendo una hilera de sifones de soda en medio, que la pelota vaya hacia el asador, la pared de sifones interpuesta, la vecina limpiando los rombos en las ventanas antes que nos mudemos, la primera vez que nos mudamos, la vez que desapareció padre, la vez que me desperté y él estaba llorando solo al lado de la cama, me miraba, preguntándose vaya a saber uno qué, cuando llevé a Laura a la casa, cuando me acosté con Laura en año nuevo, la tía sola dando vueltas por la casa acomodando muñecos enloquecidos y mudos de porcelana, Laura que se fue de viaje al Norte y volvió cambiada, y me huyó, y me sentí horrible, despertar a las diez de la mañana, tener diez años, sentir que es domingo, que todos duermen, que hay paz en la casa, que todavía no hay nadie afuera, el olor de los sauces, el olor del piso lavado, leer “la vuelta al mundo en ochenta días”, leer “los pieles rojas”, leer cuentos infantiles, pensar en Beatriz Salomón y en Xuxa, Demián al lado mío con Juan Cruz despertándome. “Narinas, despertate”. “Narinas, despertate”. Y mamá encima de ellos dos tirándole de los pelos, diciendo “traigan una regla que medimos a ver quién tiene la nariz más grande”, y otra vez los pinos, gente arriba de los pinos o la imagen de gente alrededor de los pinos. Y así de simple y fácil, en menos de una semana esa casa ya no me pertenece, y a los pinos los tiraron, y lo que veo ya no es lo que es, es otra cosa, y no sé qué sentir o qué pensar, más que esto: “las cosas cambiaron. Los pinos se fueron”. Desearía pensar “y a otra cosa”. Pero estoy estancado entre el portón y la calle.
martes, octubre 13, 2009
(en vivo, casa 13)
Para mi hermana. Para los que me dan fuerza.
Para los que me dan fuerza.
- gracias a Juank y a Pete-)
viernes, octubre 09, 2009
(pispeando, IV)
Y antes de que el sol le da de lleno a las plantas, les tiro un poco de agua. Sofía (la ovejero alemán) mastica la silla de plástico y sé que mientras tanto Manitas (su hermana, la otra perra) se mete a la casa aprovechando que no la veo, colgado como estoy mirando nuestro paredón rosa y el muñeco samurai que controla la medianera.
Y resulta que entre las plantas que riego hay una que me regaló la Cuqui Orso, pequeña y preciosa (alguna vez Manitas rompió la maceta. El dibujo que tiene ahora está partido).
Y resulta, también, que Sofía y su silla de plástico me hacen pensar (y casi, ver) el blog de Sofía Watson (paseen por él, viajen por él, y busquen "el prendedor con personaje meditabundo y flores").
Y, sigo pensando, quizás lo que hace Manitas (la perra) al meterse en la casa es una intervención, y el muñeco-Samurai que controla la medianera también es una intervención, como dibujar un dibujo sobre otro dibujo, o ponerle letras, o muñequitos, a esos dibujos, al igual que alguna de las tantas cosas que vi en el Blog de Nico Balangero.
Bueno. Todo esto, y las plantas ya tienen su agua.
Ahora un pequeño compilado de sus obras, para seducirlos más.
viernes, octubre 02, 2009
Benito era un chico de alma muy buena al que le encantaba hablar.
Podía hablar de muchas cosas. De las pirámides de Egipto, del señor que había inventado la electricidad, de los hijos y los nietos y los bisnietos del señor que había inventado la electricidad. Podía hablar de las clases en la escuela, de los vecinos, de cada persona de la familia, y también podía decir increíble cantidad de cosas acerca de sí mismo. Los padres, los hermanos y los abuelos de Benito se repartían la oportunidad de escucharlo, porque es verdad que Benito tenía un alma muy buena, pero hablaba todo el tiempo sin parar (en ocasiones incluso hablaba en sueños, pero de eso no se le entendía nada).
A decir verdad, Benito parecía inagotable.
Una vez que se fueron de viaje con su abuela a una ciudad llamada Río Cuarto, Benito había empezado el viaje en colectivo hablando del sol. Le pedía a su abuela que mirase cómo se movía el sol mientras el colectivo avanzaba. Y le explicaba “si vos salís del colectivo, el sol está quieto”.
“Ahá”, decía su abuela.
Y Benito continuaba: “Desde arriba del colectivo, el sol se mueve. Pero si bajás está quieto. ¿Cómo es eso? ¿Eh? ¿Se mueve o está quieto el sol?”, preguntaba.
“Y…, no sé”, respondía la abuela.
“Obvio, abuela. Depende si hay viento”, dijo Benito.
Buena parte del los que viajaban escucharon esto y empezaron a reír. Y hasta la mitad del viaje, los pasajeros siguieron escuchando los razonamientos y la voz de Benito porque era muy divertido de escuchar. Después quisieron dormir.
Y sin embargo Benito todavía hablaba.
Hablaba y hablaba.
Era un chico de alma muy buena Benito. Hablaba mucho, es cierto. También le tenía miedo a algunas cosas, como los otros niños. Le tenía miedo a las arañas, a las serpientes, a los dragones, a los soldados, a los hombres muy altos con una sola pierna, y a la oscuridad.
Le tenía muchísimo miedo a la oscuridad, Benito. Por eso, siempre antes de irse a dormir, pedía que dejaran encendida la luz.
Si estaba todo oscuro, Benito veía figuras raras que se formaban en la oscuridad, figuras asombrosas e inexplicables que lo hacían quedar callado, sumamente callado, y con los ojos abiertos de par en par.
Además, Benito siempre viajaba a conocer muchos lugares porque a toda la familia le encantaba viajar. Habían visitado un poco de cada provincia, pero principalmente las ciudades y pueblos de aquella en la que vivía él. En su provincia siempre había montañas y campos largos llenos de alambrados. Benito sabía que los alambrados eran para que no se escaparan las vacas y los demás animales, aunque le encantaba imaginar que una tarde huirían todas las vacas y todos los animales y harían una carrera por la ruta. Con la leche de la vaca que ganaba la carrera producirían el mejor dulce de leche en toda la galaxia. Eso imaginaba Benito.
Cuando llegaron a Bosque Alegre era casi de noche. Tuvieron que apurarse, salir del auto corriendo.
Benito hablaba y hablaba, y en un momento pidió las llaves del auto porque se había olvidado la cámara de fotos del tío. Decía que había que sacar fotos. Que cuando le explicara a todos cómo, en qué lugar y de qué color eran las estrellas, tenía que hablar y mostrarles fotos. Que eso era muy importante, que era imprescindible sacar fotos.
Además, Benito quería hacer preguntas sobre el sol. Millones de preguntas sobre el sol. ¿Siempre había estado ahí? ¿Seguro? ¿Siempre se había llamado igual? ¿Es verdad que se peleaba todo el tiempo con el viento?
Fue al auto del tío pensando en la cámara de fotos y en todas sus preguntas todavía sin respuestas acerca de las estrellas y el sol. Abrió la puerta, sacó la cámara, y cuando empezó a caminar de vuelta hacia donde estaba el resto de la familia, dobló en un lugar incorrecto, y se fue perdiendo en el medio del bosque. Con la cercanía de la noche el bosque estaba rodeado de silencio y de más y más oscuridad.
Cuando Benito quiso volver atrás ya era tarde.
No se veía absolutamente nada.
¿Qué podía hacer Benito ahora que estaba solo en el bosque oscuro? Si hubiese estado en una habitación cualquiera, simplemente hubiese encendido la luz. Pero no se podía encender ninguna luz en el bosque. O había que encender muchas. Muchas. ¿Cuántas luces? Una hilera de luces. Lo mejor, pensaba Benito en voz alta, hubiese sido instalar un sistema de electricidad nuevo, y que al tocar cada árbol, el árbol se encendiera como una lámpara verde.
Era una gran idea, quizás ya se le había ocurrido a alguien...
Se acercó a uno de los troncos que había cerca, y con algo de esperanza, lo tocó. No pasó nada. Ninguna luz.
¿Qué podía hacer ahora que estaba solo, solo y perdido en un bosque oscuro?
Al principio Benito siguió imaginando cosas, pero luego dejó de hablar. Benito se quedó sin palabras.
Un poco temblaba.
Se sentó en cuclillas en el piso, dejó la cámara de fotos a su lado, y estuvo al borde de largarse a llorar.
Pero pasado un rato en lo oscuro se dio cuenta de una cosa.
Ya no tenía ganas de hablar de las pirámides de Egipto, del inventor del teléfono, del nieto del inventor del teléfono, de los bisnietos del inventor de la electricidad, de las reglas de matemática, de los vecinos. No tenía ganas de hablar de los telescopios, del sol, no tenía ganas de contar historias acerca de su familia.
Benito estaba solo en el bosque y se dio cuenta que no tenía ganas de hablar.
Y también se dio cuenta que ya no tenía miedo. ¿Para qué iba a tener miedo? Estaba solo en el bosque. Ésa era la realidad.
La verdad que no sabía. Pero seguía con ganas de dibujar.
Benito estaba solo en el bosque. Con un pedazo de rama Benito empezó a dibujar el alma de Benito.
Un buen rato después terminó de hacer el dibujo de su alma. No lo veía, pero estaba seguro que le había quedado perfecto. Después se levantó del suelo y salió caminando tranquilo, muy tranquilo de entre los árboles del bosque.
- (Este cuento fue publicado en "Pequeño Jerónimo" de octubre. Es uno de los cuentos para niños que saqué del libro porque entendí que había un problema de "perfil". La foto es del blog de Majo Arrigoni. Tuve que elegir una de entre muchas, estuve al borde de poner por lo menos siete. Me dije: "mejor les recomiendo que se den una vuelta y se dejen golpear por sus fotos". Pueden pasar por acá y por acá) -
domingo, septiembre 27, 2009
(pispeando, III)
Acá, en el número 76 de la revista digital "El vernáculo", junto a fotos de los Wailers, Ají Rivarola y un disco de Muse, me hacen una entrevista y aprovecho para mandar lindas fotos (juraría que conozco a la chica de tapa).

¿Y por qué no? Quizás algún día haga la pequeña antología de momentos-blog.
Aprovecho y les recomiendo algunas notas (la revista tiene un hermoso diseño y es como un pequeño paseo por las artes cordobesas):
1) Sobre el gran grupo Cirulaxia (vayan al taller de clown, vayan al taller de clown).
2) Nota a Blázquez, hablando del cuarteto.
3) Entrevista a Teddy Kruegger, la banda poderosa de salteños jóvenes que cerró una de las mejores lecturas a las que asistí.
jueves, septiembre 24, 2009
Y entonces un día la batichica llegó a la baticueva, el pelo revuelto, pensando "qué loco, en la cartera tengo dos libros de neochic-lit, dos de autores cordobeses, una Cosmopolitan y la Inrockuptibles", y se tiró en la cama, y se levantó, se vistió de batiyegua y pensó "si a las 15 líneas no me seducen, los dejo". Miró las revistas, y dijo "lo hago", "santos tejedores, lo hago". Y entonces se puso a batihacer una batirevista, y acá está el primer número, Batman y Robin están agotados en la cama, leyendo las novelas malas de Cristina Bajón, y no entienden cuándo, cómo pasó, pero saben que los próximos serán ellos...
Recomiendo: Las Confesiones Hot, el Cosmo Test, las Cosmo Posturas (Marosa di Giorgio, excelente!) y la columna "lo sexy/lo out".
lunes, septiembre 21, 2009
(pispeando, I)

Excelentes dibujos del hermanastro lejano de T. Burton, en el segundo blog de Giordano (arriba uno de ellos, apropiado para el aire primaveral).
La receta para la felicidad, según Einstein.
La literatura en verano, según dos bebés.
"Diez razones para escribir para chicos" (esto para los mutantes del taller de casa 13, que escribieron una pequeña antología de relatos en menos de dos horas).
Y ganas de leer los cuentos del sexto irlandés...
lunes, septiembre 14, 2009
(Cuatro lecturas. Tres bandas. Una tarde de sol. Cuatro lecturas, tres bandas, el dibujante, mucha gente, buena onda, cerveza y/o mate, una tarde de sol. Se hace de noche, cinco canciones, cuatro afiches, tomates en el piso, personas de acá y de allá y de otro lado, de pronto muchas cámaras de fotos, Maigua con música de fondo, usando un instrumento autóctono, "esta es la ultima paja que me queda, esta es la ultima paja que me queda", decia ella, y entonces los tomates rotos. Luis en la radio, los chicos en la radio, una noche de sol, dos guitarras, una chelista, una violinista, una nena igual a un animé, la nena saltando en el baño, pantalón rojo tomate, y hace con las manos el gesto del fótografo cuando le roba (le saca) una foto. Un domingo a la tarde, una tarde de sol, se va el sol viene la noche, dos guitarras, cuatro guitarras, cuatro lecturas, tres bandas. Y entonces, como aquella vez, pasó de nuevo...).

























(Las fotos son del austríaco misterioso llamado "Pit". Lo podriamos llamar de otra manera, aceptando su idioma, pero eso daría lugar a chistes de mal sentido, que no vienen al caso. Para los que estuvieron en casa 13, es bastante obvio cuál era Pete ("Pit", perdón), sobre todo si saben diferenciar a un señor pelado de uno que tiene muchas rastas y remera roja. Para los que no fueron, pues bueno, ya conocerán a Pete ("pit", carajo), mientras tanto traten de imaginarlo a través de sus fotos, las fotos que sacó ayer, o pispeando en su página web. De pronto, parece como si mi tercer país fuera Austria (saludos a Anna). O el cuarto, vaya a saber uno. La estrella de la noche creo que fue la violinista. O Elisa. O Elisa + la violinista. O la casa. Sí. La casa. Y la muy buena onda que habia y que lo envolvía todo. Creo que fue eso).
jueves, septiembre 10, 2009
lunes, septiembre 07, 2009
Primero, uno de los relatos de Salinger acerca de la familia Glass. No "uno de", sino "el". Es como el final y el principio de toda la serie. Tiene un título increíble y ni hablar del cierre. Ni hablar del cierre. Por otra parte, imposible conseguir fotos de Salinger.
Segundo, el relato de Fogwill donde empieza Fogwill, que seduce a una muchacha punk, que juega a decepcionar al lector y que se supone debía ser leído en clave en el concurso literario más concurrido del año 80. "Fue escrito de un tirón, en tres horas, como al dictado de una voz ajena", dice Fogwill. Que viene a Córdoba. Y al que no resulta muy difícil (verán) sacarle fotos.
Tercero y último, los chicos de Boedo enfrentados en una plaza. Uno de ellos que sale por una puerta, el otro por la otra. El chico pulenta que se pierde en los bosques imaginarios de nuestra ciudad (en Córdoba no hay bosques, dice Casas que le escribieron, alguna vez). Y como si fuera poco, un epílogo (?) que incluye la charla con un japonés (!!).
Son cuentos un poco largos. Tómense su tiempo. Cuando los leí, me cambiaron.
martes, agosto 25, 2009
Parece que pronto voy a recuperar Internet fruto de una pequeña inversión. Y bajaré música y películas y fotos, me dispersaré hasta explotar. Mientras tanto, termino un libro, completo otro, me empiezo a agotar, pienso "mejor volver a la época de meterme papeles en la boca", "necesito sol, necesito descanso", "que se llene rápido el río". F me escribe que en NY el agua corre al revés, E termina su libro con gente recibiendo llamados raros (tiene poemas que me gustan mucho), los PIN animan el último jueves malito (donde lee Tejerian Lu, cuya literatura admiro y sobre la que hace tiempo quiero escribir); FM pasea por la ruta Córdoba-Tartagal en un libro de relatos, la gente entra y sale de casa en estados a veces calamitosos, a veces epifánicos, generalmente las dos cosas más un poco de armoniosidad. Padre me escribe desde el Más Allá y me cuesta responder, los perros de mi tía ladran solos en una casa hipotecada. Empiezo con otro taller en una semana. Tengo que redactar un cuento sobre el sostenimiento del agua para el 15 del mes entrante, tengo que redactar dos cuentos infantiles pendientes para mi hermana menor, y dos escritos que andan dando vuelta hace tiempo y que no dejo salir. Además, en breve habrá música y/o invitación a escuchar música (sí, "indie"), y plegarias, y pedazos del diario mío de cada día. Por lo pronto, ojeo algunas cosas de Sonia "pequeño pony" Budassi, con quien estoy el sábado en un debate-lectura. Acá el cuento más elogiado de su primer libro. Eso es todo por ahora. Voy a la plaza SM a ver cómo descose la pelota mi hermana mayor, a la que no veo hace 3 meses.

jueves, agosto 20, 2009
"No hubo nada / no hubo nada en los días expandidos / como ondas circulares / que se mueven despacio en el agua de un estanque / así funciona vivir".
"Una corona fría descansaba en su cabeza. Él era el fugaz gobernante de la discordia interna y externa, acongogado en su propio reino".









